"El amor a los libros puede ser más fuerte que el gusto por una vida que se viera privada de ellos"
Claude Roy, El amante de las librerías

Mostrando entradas con la etiqueta Museos. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Museos. Mostrar todas las entradas

domingo, 16 de junio de 2013

Máquinas de escribir, un enigma resuelto

Siempre he pensado que saber escribir a máquina es una ventaja. No tener que mirar el teclado, algo que yo hago a menudo, es un punto a tener en cuenta cuando tienes que pasar a limpio veinte folios manuscritos. Y el martes pasado volví a recordar, de nuevo, que nunca llegué a aprender bien.
Todo porque yo estaba pulsando teclas a toda máquina mirando alternativamente al teclado del ordenador y a unos cuantos folios doblados por la mitad, escritos a lápiz, lo que me estaba provocando un dolor terrible en el cuello, cuando escuché la musiquilla del Planeta imaginario, esa de un programa de televisión que me encantaba cuando era muy pequeñita. Tardé en caer en que ese es el tono que llevo en el móvil. Es decir, que estaba sonando el teléfono y no me había dado ni cuenta.
Cuando colgué el auricular, mejor dicho, cuando apreté al botón de finalizar llamada, cerré lentamente el procesador de textos tras guardar lo escrito, y abrí el navegador. Me sentía bien.

Me habían hecho una pregunta, me habían encomendado una tarea interesante: encontrar un dato para la novela de un amigo, él que sabe que he trabajado como documentalista. Yo estaba tan emocionada de que alguien me pidiera ayuda, que dejé todo lo que estaba haciendo en ese momento para empezar la búsqueda. Pero he de deciros que me duró poco la impresión. Siempre, siempre, siempre, por rutina, por si acaso, por si cuela, empiezo a buscar en Google y, esta vez, enseguida encontré la respuesta. Este chico, pensé, qué poco se lo curra...

La cuestión es que a alguien le habían preguntado lo mismo, y ya tenía la solución. Un maravilloso bibliotecario movió sus hilos para saber cuál era la máquina de escribir que utilizó Virginia Woolf. Claro, queda mucho mejor poner a la Woolf escribiendo en una Portable Underwood, o en la Remington que utilizaba su marido, que en una simple máquina de escribir.
Pero lo cierto es que todos somos curiosos por naturaleza. Queremos conocer, saber qué ocultan las preguntas, aquellas que se lanzan por escrito, en la red  o por el aire, aquellas que capturas con tu mano a vuela pluma persiguiendo saciar la curiosidad del prójimo. En mayor o menor grado intentamos indagar cuando nos encontramos ante un enigma. Y a eso nos dedicamos los bibliotecarios, a ayudar a la gente.

Porque además, se puede provocar la curiosidad ajena mostrándole a otros lo que uno descubre, convirtiendo así mi respuesta en un enigma dentro de su cabeza, que ávidos seguirán leyendo para saciar su curiosidad.
Porque la cosa no quedó aquí, claro. Yo ya estaba dispuesta a enviarle toda clase de documentación, por pundonor profesional, al menos. Así que indagué, e indagué, y encontré muchas cositas sobre los escritores y sus antiguas máquinas de escribir.

Por ejemplo, esta página, The classic Typewriter page, un lugar donde disfrutar explorando entre todo lo que se puede aprender sobre máquinas de escribir. En concreto, hay una página entera dedicada a las máquinas de escribir que utilizaron personajes y escritores famosos como Salinger, que arrastró con él por toda Europa su pequeña máquina de escribir portátil. Sus compañeros del frente lo recordaban aporreando el teclado bajo una mesa mientras los estaban atacando, no lejos del frente. Quería ser un buen escritor, y se pasaba el día escribiendo.
O el Museo virtual de las maquinas de escribir, The Type Writer Online Museum, que permite indagar en la historia y creación de estos objetos que el ordenador parece haber desterrado.

Una consulta, sí, y un camino lleno de enigmas por responder. Y una curiosidad nacida del hecho de encontrar, por casualidad googleana, la solución.
Hoy yo me quedo con la Hermes 3000 de Sam Shepard, ¿cuál elegirías tú?


lunes, 13 de mayo de 2013

"Propaganda: Power and Persuasion". Una mirada


Uncle Sam recruiting poster by James Montgomery Flagg c.1917


"Tú, te estoy esperando", nos dicen los anuncios desde la televisión.
Series como Mad Men, que trata los inicios de la publicidad tal como la conocemos hoy en día, tienen gran éxito de público porque nos muestran las "tripas" de los publicistas que iniciaron este camino tal como lo conocemos: el de los anuncios que nos dirigen, que nos muestran qué comprar y qué no. Un camino que la crisis está desdibujando ya que, si no hay dinero, no puedes acudir a esa cita, no puedes colmar sus expectativas. Te conviertes, por tanto en un consumidor fuera de su target audience, eres invisible: "Estás fuera del sistema, amigo".

http://guias-viajar.com/madrid/capital/gran-via-pantallas-carteles-luminosas-cines-teatros/
Pantallas luminosas en las fachadas del Cine Callao de la Gran Vía de Madrid
Pero los poderes públicos, el Estado, también ha utilizado desde siempre esta publicidad. Es lo que llamamos propaganda. ¿Será por eso que los anuncios son vistos, a veces, con reparos? ¿Porque no queremos reconocer lo que somos, porque la frustración del deseo de compra no satisfecho hace que el perro muerda la mano del que le da de comer, porque el poder lo utiliza para convencernos, al igual que las empresas?
O, quizá, porque no se ven desde un punto de vista artístico, ya que el arte se refugia en ellos, ayudado por la fotografía, y olvidado ya de los grandes dibujos, como los que adornaban las marquesinas de los cines de la Gran Vía, que ahora se han convertido en pantallas de vídeo gigantes.

Me gusta pasear por la Gran Vía. Es como un remedo de la Quinta Avenida o de Picadilly en tamaño extramínimo. Las pantallas están rodeadas de graffitis, que son tan poco duraderos como esos anuncios pegados en las vallas de los edificios en construcción. Sí, porque con la misma caducidad que la del producto que venden, pronto son sustituidos por otros que van haciendo cada vez más gruesa la capa de papeles coloreados pegados a esa pared que nos resguarda del viento en la calle al caminar. Hasta que llega un día en el que las esquinas del papel de los carteles, pegados unos sobre otros, se levantan, y el arte se ha convertido en un pedazo compacto de historia que acaba en la basura.

Bert, the Turtle

Leon Carr, Leo Corday & Leo Langlois (1953)
Quizá por todo esto nos interesa la publicidad, y mucho más la propaganda, la que se crea para influir en la opinión de personas que pertenecen a una comunidad, mostrando solo una cara de la cuestión que presentan. Adoctrinando a las masas, que dirían.
Es bueno saber que la propaganda que nos rodea se ha usado en guerras, en epidemias. Para crear unidad y división. Que utiliza el humor y la intimidación. Y, sobre todo, que en las bibliotecas es donde se pueden encontrar estos pedazos de historia, guardados para que los hombres puedan entender mejor su presente. Son un lugar donde se resguarda y preserva el conocimiento, que luego se exhibe en exposiciones como "Propaganda: Power and persuasion", de la British Library, para que seamos conscientes del poder que un simple cartel tuvo en determinado tiempo.


En Londres, desde el 17 de mayo al 17 de septiembre de 2013, se puede visitar esta exposición, centrada en la propaganda internacional de los siglos XX y XXI.
Posters, películas, dibujos, sonidos y textos, forman un mapa que revela los caminos que el Estado ha utilizado para influenciar y persuadir a sus ciudadanos. Y este mapa acaba en una mirada a este siglo XXI, y a cómo los social media se han convertido en una nueva vía de influencia, mediante el debate público. Su hashtag es #BLPropaganda, por si queréis participar en su debate.

Y yo me pregunto si todos estos anuncios, en realidad, son un mapa que podemos observar para comprender  la sociedad en la que nos movemos un poco mejor: una hoja de ruta que escriben para ti.

De cualquier forma, os dejo con Noam Chomsky, que reflexiona sobre la propaganda y los mass media en este vídeo.



jueves, 4 de abril de 2013

París y el olvido

Olvidar, desperezarse en una mente en blanco: qué gran placer el de no pensar en nada. Conseguir sacar de nuestra cabeza todos los pensamientos amargos, difusos, concretos. Porque el olvido es un delicioso concepto que nos hace la vida más agradable, más fácil de vivir. A veces olvidamos sin querer, otras veces lo hacemos a conciencia, sin disimulo. Unas pocas palabras que nos hieren, un amor no correspondido,un desaire no esperado...todo vale para seguir adelante.

Eugen Bracht
 La orilla del olvido
El olvido como mecanismo de defensa: suelo pensar mucho en ello. Pero esta defensa, sin embargo, también puede convertirse en un camino de descubrimiento. Piensa en todo aquello que pasó, que pertenece a otro tiempo; piensa en las modas que son tan cambiantes, atraídas por edificios diferentes, indumentarias extrañas, nuevas culturas o modos de ver la vida. Porque todo se olvida, sobre todo cuando llegan nuevas generaciones que potencian lo menos manido, para marcar su propia diferencia entre millones de individuos. Su olvido se convierte en mi olvido, cambiando lo que preocupa a mi mente, lo que me afecta en mi vida diaria, por los olvidos colectivos, entrando así en una espiral de conocimientos que convierten estos en mis nuevos recuerdos.

De ahí que, a veces, redescubrir lo olvidado por otros se convierta en un pasatiempo divertido, que entra dentro de la esfera de la modernidad. Tenemos que estar preparados para lo que vaya a venir, sí, para aquello que la sociedad ha olvidado y que otras personas se encargan de sacar a la luz.

Y todo esto porque hace unas semanas encontré este mapa interactivo que enseña museos olvidados de París. Tendré que probarlo cuando vuelva por allí .

http://www.mylittleparis.com/operation/carte-musees-oublies-paris/index.html




miércoles, 6 de marzo de 2013

El ángel oscuro

Arte extraño, oscuro. Fantasmas que esperan detrás de un reloj de una estación, también extraña. Extraño el aspecto de un museo que estaba antes dominado por las vías de los trenes. Y extrañeza la que provoca en el visitante encontrar tantas figuras y entes insólitos asomando por doquier.
Carlos Schwabe
The Death of the Gravedigger (Detail)
© RMN (Musée d'Orsay)
Hablo de la imaginación que el siglo de la razón acabó por avivar, de un despertar que ha durado siglos, que ha ido nutriendo nuestro imaginario con espectros, hombres creados por el hombre a partir de trozos de otros hombres. De la llegada, en fin, de lo oscuro a la realidad. Y que ahora se asoma de nuevo a nuestras vidas desde el Museo d'Orsay, antigua estación de trenes reconvertida, que siempre es un placer para el visitante contemplativo.

La escritura y la imagen en sus múltiples soportes han tratado el lado irracional del hombre desde sus comienzos, pero quizá fue la novela gótica la que empezó a poblar la mente humana con lo raro, lo monstruoso, como trasunto de aquello que permanece en nuestro subconsciente y que no queremos que aflore: los miedos, lo incomprensible, lo irreal. De aquellas lecturas se pobló el mundo de imágenes que, potenciadas por el romanticismo y expandiéndose a través de libros, imágenes, cine, han llegado hasta nuestros días, y que nos acompañan ahora como algo cotidiano: ¿quién no ha visto fantasmas alguna vez en su vida?.

Y sobre esto gira la Exposición "L'ange du bizarre: Le romantisme noir de Füssli à Max Ernst" , en español "El ángel de lo extraño. El romanticismo negro de Goya a Max Ernst", en el Museo d'Orsay.
Carlos Schwabe
La ola
Goya, Gericault, Füssli, Delacroix, Friedrich, Blessen, entre otros, dan forma a esos espectros y demonios interiores, a lo misterioso, a lo macabro. Del horror externo al hombre se llegó al horror cotidiano, al que Poe y Barbey d’Aurévilly nos enseñan en sus escritos. Y de ahí, a las hordas de demonios no había más que un paso: saltando a través del surrealismo y del expresionismo se ha llegado a una cultura revivida de lo oscuro, que nos fascina. No hay más que ver el éxito que los zombies y los vampiros tienen entre el público actual.

Cuento, novela...todos los géneros me valen para hablar de esto, por eso aquí os dejo el vídeo, disfrutad del viaje.




viernes, 1 de marzo de 2013

Bailar, caminar, pensar...

Bailar, caminar, pensar...y plasmarlo por escrito. O dejarlo dibujado. O grabado. Pero todo dentro de un compacto armario que se cierra y abre al gusto del internauta. Dejando las palabras aparte, son las imágenes, las pinturas, las fotografías que encontramos en la web, las que conforman un inmenso escaparate, multicolor y en blanco y negro, que nos trae a la memoria los tiempos que ya vivimos, y que atrapa nuestras ganas de aprender visualizando los acontecimientos que han vivido "los demás".
Los otros, que son esas personas que nos acompañan en el viaje que es la vida y que es la web, y que son una compañía anónima que a veces se pone nombre a sí misma en nuestro perfil en las redes sociales, pero que otras veces se queda en un simple destello, como si fuera un rayo que nos toca la mano y no nos quema, pero nos deja marcados.
Porque nuestras vidas están ahí, guardadas en ese cofre que, como el hilo que teje Ariadna, nos une más a nuestros semejantes.

Siempre me ha gustado buscar imágenes: en los libros de la biblioteca, en los cuadros de los museos, en las visitas a las exposiciones. Es un vicio contemplar y pensar a través de esas imágenes, que nos acercan las vidas de otros que, quizá, ya no están.
Pero la cuestión es la siguiente: ¿cómo recuperar todas aquellas imágenes que nos interesan? Es más difícil que localizar palabras. Las respuestas son variadas, desde la opción de búsqueda de Google imágenes a partir de otra imagen, (utilizando máquinas), hasta el proyecto colaborativo Your Paintings, un buscador que pide la colaboración de los internautas para añadir etiquetas o tags a las imágenes, de tal forma que sea mucho más fácil encontrar pinturas relacionadas con temas y objetos diversos. Y no es un robot el que está detrás, es una persona con tus mismos intereses la que ayuda a desarrollar ese proyecto.
En realidad, Your Paintings aspira a mostrar la colección nacional de pinturas del Reino Unido, y las historias que se ocultan detrás de esas pinturas de cientos de museos, y de otras instituciones de todo el país, colaborando a hacer localizable ese patrimonio universal. Como esta selección de pinturas de Millais.

©Lessing Archive/British Library Board
Pero como esta podemos encontrar muchas otras iniciativas, que nos acercan un poco a esos seres sin cara que navegan a nuestro lado, por vías paralelas, que alguna vez se juntan. Por ejemplo, si queremos mirar cómo se sentía el ballet hace años, podemos utilizar la British Library Imagesonline . O bucear en las imágenes que The European Library nos regala. O buscar antiguas recetas de cocina guardadas en la New York Public Library, pasadas a palabras por los internautas para hacer localizable su contenido.

De cualquier forma, aprender buscando por uno mismo, sin que nadie te enseñe, es un placer para el intelecto que solo los autodidactas suelen disfrutar. Pero enseñar a los demás lo que uno sabe, enseñar cómo localizar, enseñar todo lo que se incluye en el proceso de búsqueda, todas las herramientas y técnicas necesarias para encontrar esas imágenes que nos permiten conocer mejor nuestro mundo, también provoca satisfacciones. Y son herramientas fundamentales. Y entretenidas. Y que nos permiten navegar solos.

Así que hoy os dejo con una tarea: si no tenéis perfil en Pinterest, es el momento de crearlo. Nos vemos por allí.


martes, 19 de febrero de 2013

En el camino de Proust

Viajar y viajar, es algo común en la actualidad. También lo es el visitar catedrales góticas como hacía Proust en su juventud, antes de confinarse voluntariamente en su casa, en su cama, para dedicarse a escribir. Pero gracias a que dejó de viajar podemos disfrutar hoy de su obra, En busca del tiempo perdido. He aquí una elección vital: producir o disfrutar de lo que los demás producen. ¿Cuántas obras maestras de la literatura no se habrán perdido por este afán de vivir hasta las últimas consecuencias?

¿Y por qué este afán nómada? Quizá por la necesidad que tenemos de libertad, de búsqueda de experiencias nuevas que la sociedad actual, que constriñe tanto al individuo, no es capaz de ofrecer. Quizá por la necesidad de volver a encontrar lo desconocido, de ir a buscar la quimera, de descubrir el polo sur, para convertirnos en un mito. Quizá todo sea por lograr ingresar en la galería de los dioses modernos, Einstein, Amundsen, el capitán Kirk, Han Solo. Ser una estrella en el pavimento de de la fama y lograr plantar un árbol antes de morir. Qué imaginario tan absurdamente absoluto estamos creando en esta época.  

Bueno, y todo esto viene a propósito de mi espíritu, siempre "inasequible al desaliento", siempre en búsqueda de itinerarios posibles para viajes que probablemente (no) voy a hacer, y que hoy me ha llevado otra vez a Nueva York. 
The Morgan Library es una biblioteca museo exquisita, recientemente restaurada, que ha organizado la Exposición Marcel Proust and Swann's Way: 100th Anniversary, en colaboración con la Embajada Francesa. Con fondos de la Biblioteca Nacional de Francia, quieren celebrar la publicación en 1913 del primero de los siete volúmenes que conforman esta gran obra. Han seleccionado anotaciones del autor, borradores preliminares, pruebas de galera, cartas entre Proust y su madre y otros documentos que ofrecen una luz sobre la ya tan estudiada obra de Proust y su proceso de creación. 

Del 15 de febrero al 26 de abril de 2013 Proust nos espera al otro lado del océano. Podemos ir por el camino de Swann a Combray, volver a nuestra juventud perdida y viajar para llegar a la luna, pasando por la ciudad a la que tantos cantan. Viajar y viajar, siempre viajar.

Por cierto, me encanta esta edición, la que Pedro Salinas tradujo en 1920, para Espasa-Calpe..

Y esta película, una imagen siempre en movimiento: Celéste, de Percy Adlon.



La próxima vez, nos vemos en Nueva York.

viernes, 13 de enero de 2012

De muñecas, ballets rusos y astronautas

Orientalismo
Como todos sabéis, al menos por las películas y los libros de Jane Austen y demás obras de época, la danza era una de las enseñanzas que recibían las jovencitas de buena familia, que no servía exactamente para rellenar sus "vacías" cabezas pero sí para cultivar su gracia como muñecas decorativas. Ya en la mitología griega encontramos a Terpsícore, la musa de la danza, representada como una joven esbelta y grácil, espejo en el que se miraban los escritores en busca de inspiración romántica en ese siglo tan especial en el que las mujeres estaban dominadas por una sociedad de hombres. El siglo XX trajo los movimientos feministas que contribuyeron a la reivindicación de la mujer como un igual, y ya en los años 20 y 30 la mujer elegante y exótica se convierte en el centro de la creación de los mejores escultores del momento, triunfa el Orientalismo y los cánones del XIX se difuminan ante la llegada de la modernidad.
La cuestión es que actualmente el amor a la danza es mucho más vocacional, es una profesión artística que se articula en el ámbito de la cultura. Para llegar a esto los ballets han seguido una evolución que implica una gran influencia en el arte,  por ejemplo, en el Art Decó. Ahora tenemos la oportunidad de poder contemplarla gracias a la muestra del Victoria & Albert Museum que este año podemos disfrutar en España (concretamente en tres ciudades, Salamanca, Barcelona y, a partir de febrero, en Madrid).

Esta exposición quiere rescatar en concreto la figura de Serguéi Diáguilev (Nóvgorod, 1872 - Venecia, 1929) a través de su compañía de danza, los Ballets Rusos, que nacieron en París en 1909 de una selección de los mejores bailarines del Ballet Imperial del Teatro Mariinsky de San Petersburgo.
Tal como nos cuenta la web de la exposición se muestra un recorrido por los escenarios y los acontecimientos más importantes que protagonizó la compañía en sus veinte años de existencia, sin la cual no podría entenderse la evolución de la danza en el siglo XX. Actuaron en Madrid y Barcelona, y artistas de vanguardia como Matisse, Picasso, Braque, Derain o Chanel participaron en el diseño de vestuarios y escenografías; músicos renovadores como Ravel, Satie, Falla, Stravinsky o escritores como Jean Cocteau trabajaron conjuntamente en este empeño, animados por Diáguilev.

Dividida en dos partes, “Diaghilev y la Edad de oro de los Ballets Russes 1909-1929” en el Caixa Forum,  y “Los Ballets Russes de Sergei Diaghilev y su influencia en el Art Déco” en el Museo Casa Lis, en este último podemos contemplar su maravillosa colección de Criselefantinas, que primero en la antigua Grecia y luego renovadas en el art Nouveau son un placer para la vista. Son unas figuras decorativas espectaculares, esculpidas con un detalle que las convierte en gráciles y delicadas, para mí remedo de esas musas griegas en cuanto que muñecas decorativas, pero con un aire ya distinto. 
Suelo acercarme a Salamanca a visitar este museo porque es extraño comprobar cómo un hombre al que tildaron de loco en su época pudo trasladar ese espíritu modernista a un callejón escondido pegado a la Catedral, con unas vistas admirables sobre el río. Os propongo acercaros por allí antes del 29 de enero, buscar la rana y el astronauta como manda la tradición al visitante, y no marcharos de la ciudad sin entrar a este museo.
Una idea más para un viaje de fin de semana.


 

viernes, 23 de diciembre de 2011

La Navidad más bella

Estamos en Navidad, y estas fechas no son del agrado de muchas personas. Pero las imágenes más bellas que la conservación de nuestro patrimonio nos permite contemplar, bien merecen una visita.
Me refiero a la Exposición "Mysterium admirabile: El tiempo de Navidad en los libros de horas de la Fundación Lázaro Galdiano", que se puede contemplar hasta el 6 de febrero en la sala 6 del Museo Lázaro Galdiano de Madrid. 

Los manuscritos iluminados siempre son una delicia, pero los libros de horas son especialmente seductores, tal como podréis comprobar si os acercáis a verlos. La exposición "se ha planteado siguiendo las escenas navideñas que aparecen en los libros de horas: Anunciación, Visitación, Nacimiento de Jesús, Anuncio a los pastores, Adoración de los Reyes Magos o Epifanía, Presentación en el Templo, Circuncisión, Matanza de los Inocentes, Huida a Egipto y Virgen con el Niño". Es uan muestra pequeña, pero merece la pena la visita.

Pero lo que más me ha llamado la atención es que han pensado en que, a lo mejor, queremos sentirnos medievales por un día, y regresar a ese tiempo en el que se elaboraban con cuidado estas hermosas imágenes. Y han programado un Taller navideño para adultos “Scriptorium. Taller práctico de dorado e iluminación en pergamino”  que tendrá lugar el 27 y 28 de diciembre o bien el 3 y 4 de enero del próximo año, de 18 a 20 h.
Su objetivo es "acercar a los participantes a la manera en que se iluminaban en la Edad Media las bandas decorativas de los Libros de horas y las adornadas letras con que se iniciaban estos manuscritos".
Imagen del "taller práctico de dorado e iluminación en pergamino Scriptorium"

Una buena forma de celebrar el reencuentro con los seres queridos, o de recordar a los que ya no están. De cualquier forma, Feliz Navidad para todos.

viernes, 9 de diciembre de 2011

Las cartas en Nueva York

Últimamente solo escribo cartas, porque las cartas reflejan lo que quiero contarle a una persona en concreto, y solo a ella. Son cartas privadas que se separan de estos post, de estas entradas en mi blog, como si aquellas  las escribiera para al cuello de mi camisón y estas fueran mensajes dirigidos hacia el espacio interestelar. Cartas que cuentan lo que no quiero que nadie más sepa, solo esa persona, que sé que me comprende porque me responde, frente a estas palabras que  lanzo a través de las redes con la esperanza de que alguien las reciba, pero sin la seguridad de que alguien las lea.

Esas cartas que tanto me fascinan también son objeto de reflexión para otras personas, así como los procesos de lectura, de escritura. Enviar las misivas, recibirlas, guardarlas y pensar al depositarlas en un buzón en el efecto que tendrán en el destinatario. Bueno, ahora el darle al botón de "enviar" sustituye esos románticos paseos por la calle en busca de los cada vez más escasos buzones. Todo un cliché, abrigarse contra el frío para salir a encontrarse con alguien que no te está esperando allí, pero que se encontrará contigo de forma diferida. No coincidirás en el espacio, ni en el tiempo, pero esa conversación tendrá lugar por etapas, irremediablemente.

La cuestión es que en el Metropolitan de Nueva York también se plantean esto, y es curioso ver cómo han organizado toda esa correspondencia que el tiempo ha depositado en sus salas, y todo aquello que puede relacionarse con el arte de escribirlas. Es más, se preguntan acerca del futuro, sobre el kind of secrecy que existe sobre el arte de escribir cartas. Mientras, yo me pregunto si es bueno que pensemos que nuestras cartas van a ser observadas más tarde por alguien, porque no lo sabemos, pero eso puede condicionar nuestra forma de escribirlas, despojándolas de esa naturalidad que la intimidad entre dos amigos, entre dos amantes, entre dos conocidos, debería de tener.
Aquí os dejo con su visión de las cartas en un interesante vídeo.








martes, 1 de noviembre de 2011

Imágenes de París. Paris en Images

Rue de Seguier, número 3. Esa es una de las calles que fui a visitar la última tarde que estuve en París. Cerca del Sena y de las librerías de libro antiguo que lo acompañan a lo largo de su recorrido, me entretuve un rato haciendo fotos de una puerta, de un letrero, de un edificio, que ahora alberga un negocio que ya no tiene que ver conmigo. Y es que me he dado cuenta de que no os he contado nada de mi viaje a París.

Pero cómo hablar de París sin recurrir a los clichés: es bastante difícil. Podría contaros mi interminable excursión por el Louvre, correteando entre momias y paisajes, parándome a descansar agotada en cualquier banco, oteando de lejos La Gioconda, tan rodeada de gente con sus cámaras que era imposible verla de frente.

O hablaros de cómo me lancé hacia el Museo D'Orsay, que ya conocía, para revisitar los cuadros de Puvis de Chavannes, de los simbolistas, de Fantin Latour; para admirar el precioso mobiliario modernista que tienen en la planta de arriba. Me miraba en los espejos de lunas y pensaba que podría meterme en una de esas camas y ser una más de un cuadro prerrafaelita.

O de cómo pude por fin entrar a la exposición temporal Belleza, moral y voluptuosidad en la Inglaterra de Oscar Wilde, con ese cuadro de Rosetti que muestra el comienzo del declive de la belleza de un cuerpo, de una Jane Morris que Rosetti pinta de nuevo para hacerle ver a su amor que la belleza también existe cuando llega el otoño.
O podría hablaros de mis visitas a los jardines de París. Pero creo que eso os lo contaré otro día. Porque hoy quiero hablar de París sin utilizar palabras gastadas por su uso en cientos de webs. Por eso hoy os enseño una web de fotos antiguas de París, de ese París que nadie ha podido nunca olvidar porque está hecho de imágenes.

Con Paris en Images, llena de fotografías antiguas, podemos viajar a través del tiempo y del espacio, sin palabras, intentando buscar a la gente que habita esas fotos, que ha quedado atrapada en una imagen, que pierden así una intimidad que nunca podrán recuperar. Ese es el precio a pagar en esta sociedad de la imagen, que huye de las palabras manteniéndonos sentados frente a un ordenador.
Porque nosotros somos conscientes de que nos observarán en un futuro, pero ellos, no.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Contar la historia del mundo a través de 100 objetos

Hoy me he acercado al ordenador sin saber muy bien qué iba a contar, y he recordado una curiosa iniciativa tramada por el British Museum y la BBC: cómo escribir la historia del mundo a través de 100 objetos, aportados, cómo no, por cientos de museos y por cientos de personas.

Siempre escribir, esta vez con imágenes que permiten buscar entre otros los objetos relacionados con la escritura y usar una línea del tiempo para contextualizar cada uno en su época. Podemos usarla para comparar la evolución de los sistemas de escritura, de comunicación y de sus soportes, utilizando la piedra rosetta, las tablillas de madera donde escribían los antiguos hombres que poblaban el mundo, los papiros, los manuscritos, o la popular máquina Enigma, que incluso sirvió de idea central para el argumento de una película.

Todos estos objetos nos ayudan a comprender mucho de lo que ahora nos rodea, esa tecnología de la que disfrutamos que no habría podido existir sin ellos. Y como la modernidad ha llegado ya a los museos, podemos hacernos amigos de su página en Facebook, o disfrutar de podcasts con una interesante explicación  sobre cada objeto.

Que la idea original de usar solo 100 objetos se haya sobrepasado con creces da idea del proyecto colaborativo tan interesante que han creado. Ahora ya son muchos más los objetos, no solo sobre la escritura, sino sobre todas las parcelas de la vida los que se encuentran en su web, superando la idea original del programa de radio de la BBC. Una interesante iniciativa a la que merece la pena unirse.

viernes, 12 de agosto de 2011

Quiero escribir, y no puedo. ¿Alguna ayuda?


Y quién no ha querido alguna vez ser escritor. Lograr transcribir, utilizando unas sencillas letras, aquello que ronda por nuestra cabeza, eso que está tan claro en nuestra mente cuando lo pensamos, pero que huye espantado cuando intentamos amarrarlo con la tinta de un bolígrafo o las teclas de un ordenador al imaginario colectivo.

Porque escribir es difícil, y no todos logramos depurar nuestro estilo, ni escribir de tal forma que los lectores se impliquen y quieran saber qué pasará después. Y pasa lo mismo con cualquier forma de expresión artística, con un cuadro, una escultura o una joya exquisita. No todos somos capaces de crearlas: solo podemos observar.

Veamos, cuando visitamos un museo observamos continuamente. Si distinguimos un objeto que nos gusta, un objeto que no queremos olvidar, solemos coger la cámara de fotos y tratamos de captar esa imagen para siempre. "Para eso sirven las cámaras", me diréis, "para guardar ese breve reflejo de nuestro paso por el mundo, uniéndonos con un positivo a color a aquellos objetos que nos han marcado en algún sentido". 

Todo eso es cierto, pero yo pienso que no es lo mismo conservar solamente una imagen, que poder rememorar las sensaciones que ese objeto nos ha traído, aquello que pensábamos cuando hicimos esa foto, o lo que imaginábamos al contemplar ese bello cuerpo esculpido en el mármol.

No, no es lo mismo. Y creo que a veces necesitamos escribir sobre ese objeto, contar porqué nos seduce tanto, porqué ese cuadro, esa escultura, ese traje, no van a caerse de nuestra mente en una buena temporada. Quizá es porque esos objetos contribuyen a modelar nuestras vidas.

Pero si quiero escribir y no puedo, ¿cómo hacer para evitar que esas ideas se pierdan en las madejas de neuronas que forman nuestro cerebro? Pues en esto han pensado en el Victoria & Albert Museum. Han caído en la cuenta de las necesidades del visitante de museos que no quiere quedarse en la simple contemplación, y han preparado un curso de escritura creativa basado en sus piezas artísticas: aprender a escribir contemplando sus obras, reflexionando sobre ellas, imaginando su olor, su textura, aquellas historias que nos evocan. Plasmar con tinta lo que vemos, dándonos ejercicios  e ideas prácticas para que nos sea más leve esa tarea. 

Se puede pecar de ampuloso o de sencillo al escribir, de escabroso o de puritano, de amargado o de infantil, y nuestras palabras pueden reflejar nuestro pensamiento lógico o aquello que imaginamos, algo que hemos visto apenas o aquello que siempre hemos querido describir. En cualquier caso, solo con lograr recuperar aquello que sentimos al ver esas piezas, logrando escribirlo cada día un poco mejor, habremos alcanzado nuestro objetivo.


Victoria & Albert Museum Creative writing project


lunes, 8 de agosto de 2011

De visita por Cuzco

Viajar por Perú y no visitar Cuzco sería una locura. Una ciudad colonial llena de vida, que centra su actividad en una plaza heredera del imperio Inca, la Plaza de Armas.


Lo cierto es que Cuzco me recuerda a las viejas villas de Castilla, con sus casas encaladas con tejados levadizos, pero enlazadas por una extraña mixtura con esas raices incaicas que van unidas directamente a la tierra. Calles hermosas para pasear, llenas de iglesias y restaurantes nacidos al calor del turismo, que se alzan sobre cimientos de antiguos palacios de los incas más principales.

Así, la Catedral, la Iglesia de los Jesuitas, el Museo de Arte Religioso, el Templo del Sol o el Convento de Santa Catalina son algunos de los lugares idóneos para visitar.


Como el Museo Arqueológico Peruano, heredero de algunos fondos del Museo Larco de Lima, elegidos en este caso no tanto por criterios arqueológicos como por su belleza.
La belleza de esas piezas elaboradas por artistas anónimos, que usaban cerámica, plata y oro, nos acercan desde el presente a esa cultura preincaica e inca. Y se puede visitar hasta las diez de la noche, cuando ya está oscuro y las luces se van apagando detrás de ti, y se van encendiendo las de la sala siguiente, según sigues una delgada línea roja pintada en el suelo.

Pero hoy me gustaría nombrar también al famoso escritor que nació en esta ciudad, el Inca Garcilaso de la Vega. Porque he estado visitando su casa, hoy en día convertida en Museo Histórico Regional.


Ha sido una visita breve, pero que me ha permitido contemplar arte incaico y otras obras de arte colonial. El arte colonial me parece bello, utiliza motivos similares, siglo tras siglo. Ver en las iglesias esos retablos de un barroco des(trans)figurado por sus manos, tan hábiles, me resulta extraño, es como mirar la obra de un autor europeo pasada por el filtro de la inocente inmadurez. Copiar lo que los españoles llevaban allí y adaptarlo a lo suyo, esa parece que era la máxima que se imponía.

Porque he visto vírgenes marías adornadas con filigranas de oro, que adoptan la forma de la madre tierra típica de la escuela cuzqueña, o los arcángeles arcabuceros, tan conocidos, o varias pinturas de la última cena, todas con un cuy en lugar de un cordero, acompañado por frutas y alimentos típicos de la zona. Y me resulta encantadora esa forma de reivindicar su cultura, vencida por las armas, a través de esos pequeños elementos. Una ciudad con influencias diversas, una ciudad de mestizaje reflejado en el arte, que recomiendo a todos visitar.

Y ese mestizaje es lo más característico del Inca Garcilaso. Hay una sala del museo dedicada solo a él, en la que te reciben tres personajes vestidos de época: los padres de Garcilaso y él mismo, y te invitan a contemplar una escenificación de su vida. Muy didáctico y ameno, se puede ver también un vídeo que cuenta la historia de su llegada a España, para un breve tiempo, y de cómo permaneció allí sin poder regresar a su ciudad. Y de cómo escribió algunas de las obras clave que nos han hecho llegar el modo de vida de los incas, narradas de primera mano. Resulta curioso que en Montilla (Córdoba) se puede visitar también la Casa del Inca Garcilaso, donde vivió más de treinta años, y escribió su obra literaria.  

Además, estoy de acuerdo con Vargas Llosa cuando habla de las bondades de los museos, verdaderas casas de aprendizaje a través del contacto con el arte, algo que está reflejado en uno de sus muros, escrito en letras de molde para aquél que lo quiera leer.


Así que os dejo un vídeo de Vargas Llosa hablando sobre el Inca Garcilaso, en lugar de algún otro vídeo que novele su vida, que los hay. Espero que os resulte entretenido.






jueves, 7 de julio de 2011

Plan para un viernes noche

Y yo que sigo fuera, y resulta que el viernes 8 de julio tendrá lugar la primera velada literaria en el Museo Lázaro Galdiano. a partir de las 21 horas.
Gertrudis Gómez de Avellaneda. Retrato de Federico Madrazo
Museo Lázaro Galdiano

Es una oportunidad para disfrutar de un recorrido literario nocturno, durante el cual Vanesa Pérez-Sauquillo e Ignacio Vleming leerán fragmentos escogidos de la literatura española relacionados con la temática o los personajes que aparecen en algunas de las mejores obras del Museo.

Me gustan esos recorridos a la luz de las velas, me recuerda la primera visita nocturna que hice, hace ya tiempo, al Teatro-Museo Dalí en Figueras. Llevaba el desamor marcado en la cara y  la visita nocturna al museo me impresionó mucho. Me entra la nostalgia y miro la visita virtual, ya casi no recordaba ese sofá Mae West.

Pero esa es otra historia, lo que importa ahora es que el viernes se leerá a Gonzalo de Berceo ante la pintura medieval, a Santa Teresa dialogando con la pintura religiosa del siglo XVII, a Lope de Vega y Góngora ambientados en la Sala de la Comedia, a Moratín y Goya …

Una noche distinta para el que se queda en Madrid. Para el que no pueda acudir, todavía le quedará el 22 de julio a la misma hora.

Veladas literarias en el Museo Lázaro Galdiano
Tipo de actividad: Visitas guiadas
Fechas: 8 y 22 de julio
Horario: A las 21 h.
Reserva previa, aforo limitado

martes, 5 de julio de 2011

¿Un simple lápiz, o un objeto de arte?

Estamos en verano, y aunque esta afirmación es relativa dependiendo del hemisferio en el que uno se encuentre, el arte de viajar nos empuja durante estos meses hacia países extranjeros, donde los viajeros  puedan sentir calmadas sus ansias nómadas con pequeñas dosis de palabras extrañas, a veces ininteligibles.

Si se viaja a los Estados Unidos las palabras inglesas sonarán a conocidas para casi todos, ya que el mundo anglosajón es nuestro compañero de sobremesa desde hace mucho tiempo. Y ver los objetos con los que se escribían estas palabras puede resultar interesante, yo siempre me he fijado en las plumas y tinteros que se ven en las casas museo de algunos escritores.

Porque el viajar implica, a veces, cierto grado de esnobismo, de querer ser distinto al viajero común, de diferenciarse de aquél que sigue las rutas trilladas por el turismo de masas. Y eso implica visitar espacios escondidos, o realizar actividades que no todos puedan conocer, o que duren poco en el tiempo. Y ahí están situadas esas exposiciones temporales, esperándonos, esas reuniones de objetos artísticos con un denominador común: su unión efímera. Solo el que sabe que están allí tendrá un viaje distinto al de los demás.

De ahí la importancia de la información, si se pasa la oportunidad, tu viaje quizá pierda ese toque especial.

Y al hilo de esto me encuentro con una exposición singular: The Art of the Writing Instrument from Paris to Persia, que reúne utensilios de escritura producidos en ciudades tan dispares como París, Isfahan o Kyoto.

Cada cultura ha encontrado caminos distintos para reflejar el prestigio y el placer que la escritura proporciona a través de esas bellas herramientas. Objetos todos que alguna vez tuvieron un dueño, la exposición recoge lápices, tijeras, tinteros, escritorios, todos ellos adornados con materiales fastuosos: gemas, maderas exóticas, oro, plata...

Una buena oportunidad si vais a pasar por Baltimore,  la encontraréis hasta el 25 de septiembre en The Art Walters Museum.

viernes, 1 de julio de 2011

Las tarjetas de visita: la promoción del "yo"

Fundación Lázaro Galdiano, Madrid
Si decido hacerme una tarjeta de visita, probablemente pondré mi nombre (y demás) en una sencilla cartulina blanca, pequeña, y tendrá un aire minimalista que hable de la modernidad de su propietaria. Usos y costumbres que van cambiando, ya que esta es una moda como otra cualquiera, influenciada por el uso profesional que hacemos de ellas.

Y es interesante contemplar tarjetas de visita de hace más de cien años, que eran, sencillamente, fotos de esos visitantes, enfocadas a mostrarlas en las reuniones de sociedad en casas propias y ajenas. Toda una red social visitándose y devolviéndose visitas. Y qué puede mostrar más de una persona que su propia foto.

Y eso es lo que podemos ver en la Exposición que ha organizado el Museo Lázaro Galdiano para este verano: una exquisita selección de fotografías del siglo XIX que se utilizaban como tarjetas de visita.

El nacimiento de la fotografía propició "la confección de álbumes en los que se conserva la memoria colectiva de personajes, lugares, monumentos y hechos del siglo XIX. De este modo, se formaron álbumes de familia, de celebridades o de viajes, entre otros temas, y surgió una nueva moda: coleccionar e intercambiar estas imágenes que se mostraban en reuniones sociales y familiares. El retrato fue el género que gozó de mayor aprecio."

Estas fotos nos permiten conocer a los personajes más representativos de la época, saber cómo eran los intelectuales, políticos, aristócratas, artistas, militares o literatos de aquellos años: Carolina Coronado, Gaspar Núñez de Arce, la duquesa de Alba, Napoleón III, Leopoldo O’Donnell o Ventura de la Vega

Eusebio Juliá. Amadeo I, rey de España.
Fundación Lázaro Galdiano, Madrid.
Con ciento veinte fotografías (cartes de visite) procedentes de la colección personal que el escritor Pedro Antonio de Alarcón fue atesorando a lo largo de su vida y que fue donada por uno de los herederos a la Fundación Lázaro Galdiano hace unos años, y tres álbumes de la época que sirvieron para mostrarlas, se ha organizado este recorrido. En la muestra se incluyen otras fotografías y publicaciones del siglo XIX en las que aparecían imágenes de personajes notables con el mismo objetivo: mostrar una imagen, la que el retratado había elegido de forma meditada para que se difundiera y así se le recordase.

Más información aquí.

UNA IMAGEN PARA LA MEMORIA: LA CARTE DE VISITE
Tarjetas de visita de la colección de Pedro Antonio de Alarcón
A partir del 30 de junio, y hasta el 26 de septiembre
Sala 6 del Museo: Joyas bibliográficas
30 de junio a 26 de septiembre de 2011 



jueves, 23 de junio de 2011

El s.XIX a una parada de metro

Pompeya. Calle de los sepulcros. (Museo del Romanticismo)
Qué os parece si pudierais aprender el lenguaje de los abanicos este verano, acercaros más a la escritura de Larra, o conocer a Carolina Coronado, escritora del Romanticismo, para preguntarle cómo era su vida en esos años. Pues podréis hacerlo si os acercáis al Museo del Romanticismo este verano.

Si lo de moveros del sofá no es lo vuestro, en su web tenéis acceso al Taller virtualizado “Seis Lecturas sobre Larra”, que responde a "una iniciativa creada por el Museo del Romanticismo de Madrid y Hotel Kafka, cuya finalidad era la de revisar la obra del escritor romántico a través de diferentes ópticas: periodística, política, literaria, estilística, histórica y contemporánea". Nos dan acceso a la lectura de reflexiones que sobre Larra hicieron los escritores Rafael Reig, Eloy Tizón, Javier Azpeitia y Juan Aparicio Belmonte, la periodista Irene Lozano y el editor Manuel Fernández Cuesta.



Pero si lo que queréis es dejar a un lado el ordenador, y entreteneros paseando por Madrid este verano, podéis acceder a visitas teatralizadas, conciertos de música o a los talleres de damas y caballeros para los más pequeños. Estas son solo algunas de las actividades que pueden alegrar el mes de julio no solo a los que se quedan en Madrid, sino también a los visitantes de fuera: el Museo del Romanticismo bien merece una visita.
Hace ya dos años que me intereso más por este siglo, he tenido que bucear en archivos para localizar noticias de un personaje romántico al que le he dedicado parte de mis horas de ocio. Y tanto este museo, como el recién abierto Museo de Cerralbo, me han ayudado mucho a situar en su realidad a los personajes que descubrimos en las novelas, o en los libros de historia.

Os recomiendo esta visita y, para "abrir boca", os dejo con un vídeo del Museo del Romanticismo en los años 20:




martes, 14 de junio de 2011

Sobre el libro y su mundo: curso en el Museo del Libro

Si no fuera a estar en Lima en julio, quizá me acercara a Burgos a ver el Museo del Libro. Estuve ayer por allí y no me dio tiempo a visitarlo.


Este Museo, inaugurado en 2010, centra su actividad y sobresale en la recreación facsimilar de los códices y libros que han marcado la historia del hombre. Para ello, muestra su colección en una exposición didáctica con el objetivo de acercar a los visitantes a este fascinante mundo.

Su principal peculiaridad es que podemos “llevárnoslo a casa”, es decir, cualquiera de las obras y piezas expuestas pueden formar parte de nuestra colección particular, pues, en general, todas están a la venta.

Así, una de las actividades programadas para este verano por el Museo es un curso de verano, del 11 al 14 de julio, sobre el mundo del libro. Organizado en colaboración con la Universidad de Burgos y patrocinado por Siloé, arte y bibliofilia, Amábar Dos, y Doce Calles, tendrá por título:

El libro y su mundo: de Fadrique de Basilea al libro electrónico

Personalidades del mundo académico, periodístico, cultural e investigador, se reunirán para analizar la evolución del libro desde los primeros incunables hasta el libro electrónico.