"El amor a los libros puede ser más fuerte que el gusto por una vida que se viera privada de ellos"
Claude Roy, El amante de las librerías

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martes, 30 de julio de 2013

Navegando en una noche de verano

Calor y mosquitos, que ya no moscas, son las palabras que asocio hoy con el mes de julio. Ese calor, que me impide escribir porque reseca mi cerebro, cuarteando las futuras láminas incrustadas entre dos placas, bajo un microscopio, en las que se convertiría si donara mi cuerpo para el estudio de la ciencia.

Engranaje de un Cerebro biónico, que piensa por sí solo
Imagino que así se cuartean las hojas de papel en las que los escritores y pintores sacan bocetos de sus obras. Y las hojas de papel de los libros que leen y que anotan, cuando baja el nivel de humedad y el calor seco fragiliza los pigmentos y constriñe los poros del papel.
Porque anotar copias privadas de libros es un placer y, aunque perderían valor en una librería de viejo, seguramente los compraría a buen precio alguna persona interesada en lo mismo en lo que tú te interesabas. Seguirías leyendo a través de sus ojos.

Y ahora me doy cuenta de que periódicamente regreso a las mismas ideas, a las notas manuscritas y libros anotados, a las cartas de personajes y escritores famosos. Siempre a vueltas con lo que a otros les parece interesante: los procesos de trabajo del autor, para conseguir una obra que antes era lo único que veía la luz. Quizá estamos ante la plaga real del siglo XXI: la revisión continua y obsesiva de las figuras mitificadas y de todo lo que gira en torno a ellas, desde el color de sus bragas a la recopilación de los objetos que tuvo en vida. Y gran parte de la culpa la tiene Internet.

(Harry Ransom Center) Players de DeLillo, 
anotada por David Foster Wallace
Busco y voy encontrando: blogs repletos de imágenes digitalizadas de manuscritos y lecturas, artículos múltiples con libros anotados por autores que han alcanzado la fama, o imágenes de los cerebros que escribían todo aquello. Imágenes genéricas, pero aplicables a cualquiera que escribiese.
Y bibliotecas enteras anotadas, como la de David Foster Wallace, Jorge Luis Borges o Herman Melville, accesibles a través de la web, con todas sus anotaciones al margen de los libros, junto a la voz de escritores que hablan sobre bibliotecas de escritores.


O viajes vitales encantados de coleccionistas genialmente descritos, como en la novela Un abrigo para Proust, de Lorenza Foschini, que os recomiendo como lectura para este verano. La búsqueda de una investigadora que sigue los pasos de un bibliófilo que fue recuperando los objetos que Proust poseía mientras vivió,el dormitorio donde escribía, sus artículos de aseo personal, e incluso su abrigo oscuro, guardado en una caja de teca, ese con el que aparece en sus fotos. Un viaje que salvó de la quema los manuscritos de los que me ocupé un día en otra de las celdas de esta colmena llena de ideas.


En fin, que te pierdes en Internet ante toda la información que aparece. Necesitas una guía, una idea fija de búsqueda para no acabar envuelta en la red de páginas y de enlaces que te atrapa hasta altas horas de la madrugada, siguiendo el pensamiento en sarta en el que una idea lleva a otra por proximidad, no por causa y efecto. Una red que simula las conexiones neuronales de un cerebro a pleno rendimiento, que no descansa nunca por el calor y, quizá, por los insectos, que abundan tanto en estas noches tibias de verano.



(Universidad de Virginia)
Dibujo de Borges para Viejo hábito argentino








domingo, 16 de junio de 2013

Máquinas de escribir, un enigma resuelto

Siempre he pensado que saber escribir a máquina es una ventaja. No tener que mirar el teclado, algo que yo hago a menudo, es un punto a tener en cuenta cuando tienes que pasar a limpio veinte folios manuscritos. Y el martes pasado volví a recordar, de nuevo, que nunca llegué a aprender bien.
Todo porque yo estaba pulsando teclas a toda máquina mirando alternativamente al teclado del ordenador y a unos cuantos folios doblados por la mitad, escritos a lápiz, lo que me estaba provocando un dolor terrible en el cuello, cuando escuché la musiquilla del Planeta imaginario, esa de un programa de televisión que me encantaba cuando era muy pequeñita. Tardé en caer en que ese es el tono que llevo en el móvil. Es decir, que estaba sonando el teléfono y no me había dado ni cuenta.
Cuando colgué el auricular, mejor dicho, cuando apreté al botón de finalizar llamada, cerré lentamente el procesador de textos tras guardar lo escrito, y abrí el navegador. Me sentía bien.

Me habían hecho una pregunta, me habían encomendado una tarea interesante: encontrar un dato para la novela de un amigo, él que sabe que he trabajado como documentalista. Yo estaba tan emocionada de que alguien me pidiera ayuda, que dejé todo lo que estaba haciendo en ese momento para empezar la búsqueda. Pero he de deciros que me duró poco la impresión. Siempre, siempre, siempre, por rutina, por si acaso, por si cuela, empiezo a buscar en Google y, esta vez, enseguida encontré la respuesta. Este chico, pensé, qué poco se lo curra...

La cuestión es que a alguien le habían preguntado lo mismo, y ya tenía la solución. Un maravilloso bibliotecario movió sus hilos para saber cuál era la máquina de escribir que utilizó Virginia Woolf. Claro, queda mucho mejor poner a la Woolf escribiendo en una Portable Underwood, o en la Remington que utilizaba su marido, que en una simple máquina de escribir.
Pero lo cierto es que todos somos curiosos por naturaleza. Queremos conocer, saber qué ocultan las preguntas, aquellas que se lanzan por escrito, en la red  o por el aire, aquellas que capturas con tu mano a vuela pluma persiguiendo saciar la curiosidad del prójimo. En mayor o menor grado intentamos indagar cuando nos encontramos ante un enigma. Y a eso nos dedicamos los bibliotecarios, a ayudar a la gente.

Porque además, se puede provocar la curiosidad ajena mostrándole a otros lo que uno descubre, convirtiendo así mi respuesta en un enigma dentro de su cabeza, que ávidos seguirán leyendo para saciar su curiosidad.
Porque la cosa no quedó aquí, claro. Yo ya estaba dispuesta a enviarle toda clase de documentación, por pundonor profesional, al menos. Así que indagué, e indagué, y encontré muchas cositas sobre los escritores y sus antiguas máquinas de escribir.

Por ejemplo, esta página, The classic Typewriter page, un lugar donde disfrutar explorando entre todo lo que se puede aprender sobre máquinas de escribir. En concreto, hay una página entera dedicada a las máquinas de escribir que utilizaron personajes y escritores famosos como Salinger, que arrastró con él por toda Europa su pequeña máquina de escribir portátil. Sus compañeros del frente lo recordaban aporreando el teclado bajo una mesa mientras los estaban atacando, no lejos del frente. Quería ser un buen escritor, y se pasaba el día escribiendo.
O el Museo virtual de las maquinas de escribir, The Type Writer Online Museum, que permite indagar en la historia y creación de estos objetos que el ordenador parece haber desterrado.

Una consulta, sí, y un camino lleno de enigmas por responder. Y una curiosidad nacida del hecho de encontrar, por casualidad googleana, la solución.
Hoy yo me quedo con la Hermes 3000 de Sam Shepard, ¿cuál elegirías tú?


domingo, 12 de mayo de 2013

Mis poemas: Mañanas de domingo



Desperté una mañana ávida de vivir, dispuesta a enfrentar al rocío que llamaba a mi puerta. Los caracoles escalaban por mi pared y asomaban sus ojos por el cerco de la ventana. Les eché agua hirviendo para que cayeran al suelo.

Leí un poema que decía que el amor era etéreo, como la harina. Y me eché a reír. Saqué un paquete del armario y lo solté por el aire, dejando que bañara mi pelo y mis enaguas. Y abrí la puerta.
El agua de la mañana se mezcló con el trigo, haciendo una masa que calcaba mi figura. Y el vecino de enfrente me metió en el horno. Y salí convertida en una figurita de mazapán, tan bonita que tuve que meterme en un plástico y precintarme yo sola, para que el tiempo no degradara lo que salió de aquella operación, llamémosla, estética.

Hoy, por la noche, creo que saldré del plástico pero, esta vez, no dejaré que la harina me toque.

jueves, 24 de enero de 2013

La vida como una línea: En el camino (On the road)

Estamos ya en enero, el mes en el que comienza el año. Pero solo en apariencia, ya que la primavera es el estallido real de la vida: cuando se repliega la naturaleza es cuando termina un ciclo y, por lo menos donde yo vivo, el frío todavía nos domina. Estos son periodos naturales que se renuevan inexorablemente, y el hombre, inmerso en su rutina, vive su vida como una línea incesante, como si parar el tiempo no fuera posible...cuando realmente sí lo es: cada vez que se escribe una historia, se paraliza el tiempo.

Porque los textos escritos también son cíclicos cada vez que se releen. Pensemos en esas obras de cabecera a las que un lector siempre vuelve a lo largo de su vida. Podríamos contarla en periodos más o menos ordenados, separados entre ellos por la relectura de esa novela, ese cuento, ese poema magistral que nos marca cada vez que asoma por nuestro cerebro. Es como un renacer periódico a la vida.
Pero quizá tendríamos que separar el fondo de la forma, el contenido del soporte. Porque los textos pueden ser lineales y finitos en la forma, al menos para el escritor, como el rollo manuscrito en el que Kerouac escribió su famoso En el camino (On the road), en tan solo tres semanas. Así evitó tener que cambiar el papel al final de cada página e interrumpir su proceso creativo, utilizando un soporte de papel continuo de 36.50 metros de largo para escribir 125.000 palabras. 
Pero han pasado más de 60 años desde entonces, y ahora los libros pueden ser infinitos si utilizamos hiperenlaces para nutrir sus páginas en los nuevos soportes electrónicos. El escritor puede romper las líneas y crear un libro en árbol imposible de acabar, y por tanto, imposible de releer en su conjunto. Romperíamos así con ese ciclo. ¿Nos odiaría el lector?

Esto le interesa a más gente de lo que podría parecer a simple vista: la prueba es que en el año 2007 se hizo una edición de ese rollo, que simula el de los antiguos escribas cuando aún se utilizaba el papiro, para que el lector pueda volver a disfrutar sin interrupciones de esa lectura lineal incesante durante el equivalente a 370 páginas de los códices-libros de papel actuales. Y que se pueda sentir igual que Jack Kerouac ante un camino que se abre ante él, como una línea que es la vida. 
En rarelibrary.com tenéis acceso a este y otros muchos libros especiales. 

En Penguin, volviendo a la modernidad, se han preocupado de hacer una edición digital ampliada, una App para los appleadictos, a un precio mucho más asequible. 



Ahora que tenemos la película reciente, que no ha tenido muy buenas críticas, por cierto, es el momento de volver a los libros, a poder comprar ediciones raras. O a disfrutar del libro electrónico que va más allá del texto, algo que siempre consuela ante las malas adaptaciones literarias al cine. Pero de eso creo que hablaremos en otro momento. Os dejo con el trailer de la película, por si alguien se anima a verla.





jueves, 8 de marzo de 2012

Escribir a mano

"Si decides escribir en una tarde de abril, no trates de sujetar tu mano. Porque escribir puede ser ese detalle feliz que ayude a no jurar en vano a aquél que vendrá detrás de ti, y quizá él consiga, así, que todo salga a la perfección."

Porque ¿quién no desespera al escribir? ¿Quién no sufre en cada línea como Flaubert decía? ¿Por qué una línea es maravillosa y otra la borraríamos sin remedio?
Yo sufro, a veces, pendiente de si será esta la palabra adecuada que creará un hilo entre mi mente y la del lector. Esa conexión "visuomental" que evita que cierre la página web y me abandone, y solo me quede el vacío gélido de los bites.
Pero hay personas que no sufren al escribir, es curioso, las palabras salen solas de su boca, sin que haya nada que deban cambiar porque la historia está en su mente tal como te la cuentan. Y tal cual la escriben. Y te gusta al leerla.
Quizá la clave está en el trabajo que acompaña a la inspiración. A veces, ese trabajo es mental, pero otras el escritor lucha en cada frase, y esa guerra abierta queda plasmada en un papel lleno de correcciones.

Por eso, para todo aquél interesado en ese proceso de trabajo de los textos, es conveniente y curioso acceder a  los manuscritos de los escritores, esos que se ocultan a menudo, a veces en archivos privados, otras en cajones de alguna institución, y cada vez más en la red. Porque la posibilidad que nos brinda Intenet para ver esos manuscritos digitalizados es algo impagable, ya que nos permite ahondar en el proceso creativo de los escritores que nos precedieron.
Pero es algo curioso, no solo para los que intentamos escribir, siguiendo los modelos que usaron otros, sino también para los que quieren estudiar ese algo que apasiona al lector en cada línea. Y, como no, para los que les gusta leer, simplemente.
Si escribir a mano para mí ya no es posible, acostumbrada a teclear letra a letra, y a borrar sin tino lo que escribo, entrando en una rueda de la que es difícil salir, imagino lo que debía ser escribir solo a mano, tachando y reescribiendo cien veces.

Y todo esto que os cuento se ve reflejado en la web. Por ejemplo, en la exposición online que ha organizado la Biblioteca Nacional de Francia, "Brouillons d'écrivains", en la que la palabra va unida a la imagen, enseñándonos manuscritos de grandes autores como Víctor Hugo, Émile Zola, Balzac, Queneau o Marcel Proust . Y reflexionando sobre esos procesos de escritura.

O en la exposición interactiva que se celebra hasta el 29 de abril en  Lisboa, "Fernando Pessoa, plural como el universo", de la Fundación Calouste Gulbenkian, en la que se enseñan textos inéditos junto al baúl donde guardó sus más de veinticinco mil manuscritos, y en la que podemos pasear por las cabinas que representan a los principales heterónimos del poeta (Alberto Caeiro, Ricardo Reis, Álvaro de Campos y Bernardo Soares), mientras hacemos y deshacemos versos de Pessoa con apenas mover una extremidad del cuerpo.

Para los que no puedan visitar Lisboa en uno de esos viajes de fin de semana, os dejo, como siempre, un vídeo.


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jueves, 16 de febrero de 2012

Mis relatos (II): Esos objetos que se nos van de la mente




"Perdona el desorden" me dice, como si pudiera abstraerme de la porquería que se acumula en las esquinas. Me fijé en el bar en que su pelo estaba un poco sucio, pero pensé que era gomina del día anterior. Por lo demás la chica era delgada, y aparente, más o menos.

Me enseña una silla tapada con periódicos y me pide que me ponga cómodo. Algo cruje al sentarme, y un olor a rancio me llega hasta la nariz. Saco bajo mi culo una bolsa de pan vacía que se me pega en las manos al cogerla. Las limpio en el periódico, pero no me levanto. Estoy demasiado cansado. Llevo muchas horas de pie para ligarme a alguien. Ella se apoya en la pared, en cuclillas, y coge algo del suelo, algo que está escondido detrás de una sombra. Brilla. La oigo decir "en mi casa tenía una bola de cristal, de esas con agua dentro que al ponerla cabeza abajo se llenaba de nieve, como si nevara de verdad".

Vaya comedura de tarro, pienso, esta se evade de la realidad, como si viviera en la esfera de cristal que tiene en la mano. No, creo que no es consciente de la podredumbre a su alrededor. 

Miro las paredes llenas de grafitis y se oyen las ratas. Siento que me rozan las piernas. No es extraño, está oscuro y solo nos alumbra la luz de emergencia, fuera del local. El cristal del escaparate está roto, la luz hace un quiebro en la pared a través de la reja. Se nota que abandonaron la galería comercial hace tiempo, una galería más entre las que salieron como champiñones en los bajos de los edificios en los años ochenta. Casi todas fracasaron. Ahora sirve como refugio para personas desamparadas, sin hogar, nuevos pobres. Abandonados. Ella está a mi lado, no la he visto venir.

Se me sienta en las piernas mientras me cuenta cosas de su infancia. De cómo acabó en la calle, rebeldía adolescente. Que echa de menos a sus padres. La típica historia que lees en los periódicos. La butaca cruje más cuando apoya sus nalgas. "La nieve se ha pegado" me dice mientras vuelca la bola y la golpea suavemente contra el respaldo. Sus brazos rodean mi cuello, y me susurra "a mi bola de nieve se le sale una gota de agua cada año, por Navidad. Solo una. El 24 comienza a formarse la gota, y el 25 escurre al fin por el borde. Y durante los 363 días restantes, la nieve se pega abajo sin que haya manera de hacer que nieve ahí dentro".

Descansa en el suelo la bola, pegado el cristal a la ciudad con nieve. Veo la luz que atraviesa ese cristal y hago un cálculo. Si pudiera medir el agua que hay dentro, sabría con seguridad cuándo se quedará vacía, sin una gota. ¿Habrá 60 gotas? ¿Serán sesenta años? "Es imposible que vuelva a nevar ahí dentro", repite.

En mi casa hay varios objetos con forma redonda, la bola que me regalaron con un chubasquero en su interior, vacía porque el plástico ya no entra por más que lo dobles de mil formas distintas. Y está el globo del mundo, con un recorte de periódico de cada sitio que he visitado. Y los exprimidores para las naranjas. Son dos, como sus senos, tan cerca. Dos esferas imperfectas. Los beso. La beso.

Es sábado por la noche. Hace frío fuera, solo fuera.


(c)Rhut López Zazo  

sábado, 21 de enero de 2012

Mis relatos (I)

Cojo el bote de mermelada y lo estrello contra la pared. “¿Has visto lo que has hecho?” me dice Mayka mientras se levanta. Le oigo exclamar que uno de los cristales rotos le ha rozado el brazo. Mientras, me doy cuenta de que el periódico sigue abierto en la mesa de la cocina, donde lo he dejado después de leerlo. Aprovecho y vuelvo a mirar el anuncio. Recuerdo que el texto se había emborronado a causa de la tinta fresca, y mis dedos mojados hacen ahora el resto, no se distingue la dirección.
“¿Qué pasa contigo?” me dice Mayka, y tira la servilleta manchada con dos gotas de sangre sobre la mesa. Parece un mapa con dos ciudades señaladas en rojo. Yo le respondo que ni siquiera le ha rozado, pero ella no está de acuerdo. “Sí lo ha hecho”, me dice, “no te entiendo”. Intento no mirarla, me dice que tendré que recogerlo todo yo. Ahora sí que miro su espalda, cuando sale de la cocina con los brazos cruzados sobre el pecho.


Oigo la lluvia fuera, y también la puerta de casa cerrarse. Me levanto al rato y cojo la bayeta, no me apetece limpiar. La encimera está desordenada, con los restos de la cena del día anterior. Me tocaba a mí recoger pero me quedé viendo el fútbol, y luego la porno del sábado a ver si me animaba. Mayka quería intentarlo, ayer, pero cada vez me cuesta más. No puedo estar a punto en cualquier momento.
Recojo los cristales, me corto con uno. Miro la sangre que recorre mi primera falange y forma una gota perfecta al llegar a la segunda. Y cae al suelo dibujando un círculo ovalado. Miro el cristal manchado de sangre mezclándose con la mermelada. Observo que tienen el mismo color. Después leo las palabras que quedan en la etiqueta pegada al cristal. Un nombre de ciudad, ya lo he leído antes, esta mañana. Tiro el cristal con fuerza a la basura, resuena el golpe en mis oídos resaltando las letras de esa ciudad que veo en mi mente en color rojo. Hasta en la mermelada sale.

Camino ahora hacia el descansillo. Recorro en tres pasos la distancia que me separa de la entrada y miro el recibidor. Ha quedado un hueco donde estaba el abrigo de Mayka, la percha vacía proyecta su sombra como la cabeza de un cóndor americano. Recorro con el dedo las rugosidades del gotelé siguiendo su contorno, que cae a pico sobre el paraguas. Lo cojo y voy hacia el salón. Y salgo a la terraza.

Mi madre decía que el agua da la vida. Yo solo veo un cielo cada vez más gris, y un trueno que lo atraviesa como en un anuncio en 3D. Suelto el paraguas y dejo que la lluvia me moje la cara. Las gotas caen sobre mis ojos, un golpe, luego otro, caen tan seguidos que empiezo a no distinguirlos. Ahora se hunden en mí aniquilando el calor de mis brazos, de mi pecho. “¿Por qué no quieres ir?” recuerdo a Mayka vocalizando, solo los labios rojos moviéndose, sin sonidos. La humedad atraviesa mis costillas y llega al corazón.

Tirito mientras me pongo una tirita en el dedo. Qué gracioso. He tenido que buscarla en tres sitios distintos y estaba en el botiquín del baño. La risa me alivia.
Cuando acabo de quitarme la ropa mojada suena la puerta otra vez. Salgo del baño y veo a Mayka sentada en la cama. La oigo llorar, y observo las gotas que caen de su pelo hasta la colcha, formando un mosaico grisáceo entre los bordados rojizos. Abrazada a un almohadón mojado, mira una foto. La veo desde aquí, es la foto de un bebé.
“No voy a probar más tratamientos,  ni aquí ni en Pekín”, le digo, “no podemos tenerlos, tienes que asumirlo”. Ella no me mira, ni siquiera me responde.
La lluvia golpea la persiana mientras recojo mis cosas. Mayka sigue sentada, sin moverse. Miro por la ventana cuando atravieso el salón, y veo el paraguas tirado sobre las baldosas rojizas. Salgo y lo recojo, antes de ponerme mi abrigo. Ahora es mi percha la que parece un cóndor. Miro su sombra por última vez, antes de salir.

©Rhut López Zazo

jueves, 3 de noviembre de 2011

Escribir y reescribir: un manual para la corrección de los textos narrativos

Escribir es un paso natural para el interesado en la literatura. Pero a la hora de enfrentarnos al papel en blanco, lo normal es que no consigamos plasmar en palabras lo que imaginamos, o sentimos. Bueno, realmente lo que a veces no conseguimos es que los otros conecten con nuestras palabras, que se interesen por nosotros, por nuestros mundos inventados. Que consigan "meterse" en nuestra ficción, esa que tanto nos cuesta crear.
Y libros como este, escrito por Gloria Fernández Rozas1, son una gran ayuda para intentar conseguirlo.
A escribir se aprende escribiendo, sí, pero conocer las herramientas básicas para abordar ese proceso es fundamental. Nadie se cuestiona esto en la pintura, ¿por qué sí en la literatura, cuando "un escritor se forma leyendo, observando y analizando los mecanismos que convierten una obra en obra de arte, o los que la llevan al fracaso"?
Así, Gloria aborda el proceso de reescritura como una clave para la corrección de los textos, para "hacer pensar en las distintas posibilidades que un texto nos ofrece, en los caminos que nos permitan acercarnos a esa idea que nos resultó tan fascinante mientras la pensábamos."
Para ello, divide esta tarea en tres lecturas consecutivas, exponiendo de forma sencilla y clara los aspectos clave que debemos vigilar: la importancia de la primera frase, el talante del narrador, cuando el personaje toma la palabra, la unidad y el equilibrio en el texto, la verosimilitud...Como expone en el prólogo, en literatura no hay verdades absolutas pero, desde mi punto de vista, este libro es una herramienta muy valiosa para el futuro escritor.

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1 La autora Gloria Fernández Rozas colabora con los Talleres de Escritura Creativa Fuentetaja desde el año l998. Es escritora, profesora de escritura creativa y asesora de estilo literario. Premio 'Ciudad de Getafe' de novela con la obra Qué bello es vivir y, como miembro del colectivo Cori Ambó, finalista del premio 'La sonrisa vertical'. Ha escrito cuentos infantiles para los programas de televisión Mamá almohada y Colorín colorado y ha publicado los libros para niños Zancadilla yMaratón de fantasía. Algunos de sus cuentos se incluyen en las antologías Por favor, sea breve yMicroscopios eróticos. (Publiqué este post hace unos meses en el blog Sinololeonolocreo)

miércoles, 12 de octubre de 2011

Contar la historia del mundo a través de 100 objetos

Hoy me he acercado al ordenador sin saber muy bien qué iba a contar, y he recordado una curiosa iniciativa tramada por el British Museum y la BBC: cómo escribir la historia del mundo a través de 100 objetos, aportados, cómo no, por cientos de museos y por cientos de personas.

Siempre escribir, esta vez con imágenes que permiten buscar entre otros los objetos relacionados con la escritura y usar una línea del tiempo para contextualizar cada uno en su época. Podemos usarla para comparar la evolución de los sistemas de escritura, de comunicación y de sus soportes, utilizando la piedra rosetta, las tablillas de madera donde escribían los antiguos hombres que poblaban el mundo, los papiros, los manuscritos, o la popular máquina Enigma, que incluso sirvió de idea central para el argumento de una película.

Todos estos objetos nos ayudan a comprender mucho de lo que ahora nos rodea, esa tecnología de la que disfrutamos que no habría podido existir sin ellos. Y como la modernidad ha llegado ya a los museos, podemos hacernos amigos de su página en Facebook, o disfrutar de podcasts con una interesante explicación  sobre cada objeto.

Que la idea original de usar solo 100 objetos se haya sobrepasado con creces da idea del proyecto colaborativo tan interesante que han creado. Ahora ya son muchos más los objetos, no solo sobre la escritura, sino sobre todas las parcelas de la vida los que se encuentran en su web, superando la idea original del programa de radio de la BBC. Una interesante iniciativa a la que merece la pena unirse.

viernes, 12 de agosto de 2011

Quiero escribir, y no puedo. ¿Alguna ayuda?


Y quién no ha querido alguna vez ser escritor. Lograr transcribir, utilizando unas sencillas letras, aquello que ronda por nuestra cabeza, eso que está tan claro en nuestra mente cuando lo pensamos, pero que huye espantado cuando intentamos amarrarlo con la tinta de un bolígrafo o las teclas de un ordenador al imaginario colectivo.

Porque escribir es difícil, y no todos logramos depurar nuestro estilo, ni escribir de tal forma que los lectores se impliquen y quieran saber qué pasará después. Y pasa lo mismo con cualquier forma de expresión artística, con un cuadro, una escultura o una joya exquisita. No todos somos capaces de crearlas: solo podemos observar.

Veamos, cuando visitamos un museo observamos continuamente. Si distinguimos un objeto que nos gusta, un objeto que no queremos olvidar, solemos coger la cámara de fotos y tratamos de captar esa imagen para siempre. "Para eso sirven las cámaras", me diréis, "para guardar ese breve reflejo de nuestro paso por el mundo, uniéndonos con un positivo a color a aquellos objetos que nos han marcado en algún sentido". 

Todo eso es cierto, pero yo pienso que no es lo mismo conservar solamente una imagen, que poder rememorar las sensaciones que ese objeto nos ha traído, aquello que pensábamos cuando hicimos esa foto, o lo que imaginábamos al contemplar ese bello cuerpo esculpido en el mármol.

No, no es lo mismo. Y creo que a veces necesitamos escribir sobre ese objeto, contar porqué nos seduce tanto, porqué ese cuadro, esa escultura, ese traje, no van a caerse de nuestra mente en una buena temporada. Quizá es porque esos objetos contribuyen a modelar nuestras vidas.

Pero si quiero escribir y no puedo, ¿cómo hacer para evitar que esas ideas se pierdan en las madejas de neuronas que forman nuestro cerebro? Pues en esto han pensado en el Victoria & Albert Museum. Han caído en la cuenta de las necesidades del visitante de museos que no quiere quedarse en la simple contemplación, y han preparado un curso de escritura creativa basado en sus piezas artísticas: aprender a escribir contemplando sus obras, reflexionando sobre ellas, imaginando su olor, su textura, aquellas historias que nos evocan. Plasmar con tinta lo que vemos, dándonos ejercicios  e ideas prácticas para que nos sea más leve esa tarea. 

Se puede pecar de ampuloso o de sencillo al escribir, de escabroso o de puritano, de amargado o de infantil, y nuestras palabras pueden reflejar nuestro pensamiento lógico o aquello que imaginamos, algo que hemos visto apenas o aquello que siempre hemos querido describir. En cualquier caso, solo con lograr recuperar aquello que sentimos al ver esas piezas, logrando escribirlo cada día un poco mejor, habremos alcanzado nuestro objetivo.


Victoria & Albert Museum Creative writing project


martes, 12 de julio de 2011

Volar, conducir y surfear



Hace poco salí a pasear de nuevo. En Lima. Y en  un barrio cercano encontré un jardín que no esperaba. Rodeado de edificios, una acera los separa de los árboles.
Este es uno de esos jardines que no invita a pasar dentro porque no hay senderos que lo crucen, da cierta aprensión pisar el césped porque está húmedo. O cierta libertad porque te adentras en la naturaleza sin ordenar. Y pensé que estaba regado, pero quizá la humedad del mar es la culpable de que la tierra nunca seque del todo. Me gustó pasear por allí.

La cuestión es que estaba lleno de vidas recién nacidas, que paseando en cochecito recorrían la acera en una carrera improvisada. Perro en ristre y con juguetes nuevos, se preparaban para vivir su futuro en esta ciudad como conductores futuros que nunca cederán el paso a los caminantes. Cruzar la calle en Lima es jugarte la vida (casi). Pero las terrazas de las casas del jardín estaban vacías de padres, quizá por el invierno que no invita a salir, y esas terrazas bajas conviven a su vez con plantas bajas dedicadas a los automóviles, a los futuros autos de los infantes que les esperan hasta que crezcan para poder manejar. Todo es una rueda en el Parque la Redonda.

Además me impresionan los árboles de aquí, me gustan porque tienen flores rojas que van cayendo hacia la acera como manos pequeñas. Y he visto buganvillas, geráneos y cactus que adornan las calles luchando con la polución para vivir. Porque Lima está muy contaminada y la llovizna del invierno, lo que llaman garúa, baja la ceniza del cielo hasta tiznarme la piel.

Cambié de rumbo y al final de una avenida llegué a un acantilado, junto a un parque, y bajé a la playa disfrutando del sol que salió por la mañana.

Desde allí se veían pájaros mezclados con parapentistas, que aprovechaban el viento para saltar desde ese parque que recordaba a Gaudí, y así poder mirar las costas de Lima con una nueva perspectiva. Cómo me gustaría volar, y se puede desde el Parque Raimondi. Si llevas dinero suficiente y ganas de saltar por un acantilado, este es el sitio perfecto para no tener problemas. Saltos seguros.

Y luego me fijé en la arena, y quise buscarla y no estaba. Solo encontré piedras custodiando las tablas de surf. Y el Pacífico.

Los surfistas cogen las olas, y tardan en soltarlas, es bastante erótica esa relación que tienen con el agua. Siempre me pregunto qué se sentirá en ese trato tan cercano con el mar.
Por ahora solo sé que en los yacimientos arqueológicos de la costa se han descubiertos frisos de hace más de 2.000 años, en los que aparecen personas cabalgando sobre las olas. El mar siempre tan cerca, y yo tan lejos.

Me cuentan que las playas que rodean la ciudad están llenas de gente en verano, pero ahora es invierno, y solo los coches con tablas y trajes de neopreno se apiñan al lado del acantilado.

Seguiré paseando. Ya os contaré.



jueves, 7 de julio de 2011

The art of Tim Burton

Ahora que están de moda los ebooks, salen a la luz distintas formas de promoción de libros en papel, también utilizando la web. Como la que os enseño aquí, que me ha encantado.

Buscando información para otras cosas, me encuentro con la nueva página de Tim Burton, que da un contenido añadido a su nuevo libro: The Art of Tim Burton. Merece la pena una visita.

Y ahora que todos habéis visto su galería de la mano del autor, podemos pensar en ese objeto que es el libro, que nos cuenta lo mismo aunque la forma sea distinta y oculte el contenido. Libros electrónicos, e-books, lectores, soportes...tantas palabras que se han puesto de moda, y sobre las que todo el mundo opina.

Hace poco leía un post de Guillermo Aguirre sobre el libro electrónico. Comienza así:

“De nuevo y sin saber por qué, como una marea persistente, en las dos últimas semanas vuelvo a oír hablar de los libros digitales tales como el Kindle, el Reader o el Ipad. De nuevo se vuelve a hablar de si lo uno se llevará (como una marea persistente el tablón del barco naufragado) el papel a otras latitudes, o ambos, cacharro y papel, convivirán en un mundo futuro. El debate en sí me cansa, quizá porque ante la visión apocalíptica post-postit de nevera se me ponen por corbata y porque, como freak del libro, me opongo por principio, como aquella nobiliaria estirpe de soldados prusianos, a toda imagen de progreso.”

Muy interesante lo que comenta Guillermo,  nos acerca en este párrafo a la visión del lector nostálgico aferrado al papel. Y a la del escritor que se agarra a lo que conoce, y trata de evitar las tentaciones de la red en aras de la escritura de sus propios textos.
Sí, salen a relucir continuamente noticias sobre lectores electrónicos, aplicaciones de lectura para tabletas, para los llamados “teléfonos inteligentes”, para nuestro ordenador de sobremesa. Y se intuye un horizonte con nuevas formas de escritura para nuevos soportes. No es tan extraño: los oficios cambian con la evolución de la tecnología, y las sociedades y sus necesidades también. Pero no podemos predecir el futuro, y ahora está tan de moda hacerlo...

En un principio los incunables, primeros libros impresos, imitaban a los manuscritos hasta tal punto que se dejaban los huecos de las iniciales para que se iluminaran a mano, para que se decoraran y semejaran un libro escrito de los de siempre. Y ahora supongo que está pasando lo mismo. Y es que, ante estas animaciones, o muestras como la versión de Alicia para el iPad, ¿la posibilidad de enriquecer los libros no os resulta atractiva?

A mí sí.




martes, 5 de julio de 2011

¿Un simple lápiz, o un objeto de arte?

Estamos en verano, y aunque esta afirmación es relativa dependiendo del hemisferio en el que uno se encuentre, el arte de viajar nos empuja durante estos meses hacia países extranjeros, donde los viajeros  puedan sentir calmadas sus ansias nómadas con pequeñas dosis de palabras extrañas, a veces ininteligibles.

Si se viaja a los Estados Unidos las palabras inglesas sonarán a conocidas para casi todos, ya que el mundo anglosajón es nuestro compañero de sobremesa desde hace mucho tiempo. Y ver los objetos con los que se escribían estas palabras puede resultar interesante, yo siempre me he fijado en las plumas y tinteros que se ven en las casas museo de algunos escritores.

Porque el viajar implica, a veces, cierto grado de esnobismo, de querer ser distinto al viajero común, de diferenciarse de aquél que sigue las rutas trilladas por el turismo de masas. Y eso implica visitar espacios escondidos, o realizar actividades que no todos puedan conocer, o que duren poco en el tiempo. Y ahí están situadas esas exposiciones temporales, esperándonos, esas reuniones de objetos artísticos con un denominador común: su unión efímera. Solo el que sabe que están allí tendrá un viaje distinto al de los demás.

De ahí la importancia de la información, si se pasa la oportunidad, tu viaje quizá pierda ese toque especial.

Y al hilo de esto me encuentro con una exposición singular: The Art of the Writing Instrument from Paris to Persia, que reúne utensilios de escritura producidos en ciudades tan dispares como París, Isfahan o Kyoto.

Cada cultura ha encontrado caminos distintos para reflejar el prestigio y el placer que la escritura proporciona a través de esas bellas herramientas. Objetos todos que alguna vez tuvieron un dueño, la exposición recoge lápices, tijeras, tinteros, escritorios, todos ellos adornados con materiales fastuosos: gemas, maderas exóticas, oro, plata...

Una buena oportunidad si vais a pasar por Baltimore,  la encontraréis hasta el 25 de septiembre en The Art Walters Museum.

jueves, 23 de junio de 2011

El s.XIX a una parada de metro

Pompeya. Calle de los sepulcros. (Museo del Romanticismo)
Qué os parece si pudierais aprender el lenguaje de los abanicos este verano, acercaros más a la escritura de Larra, o conocer a Carolina Coronado, escritora del Romanticismo, para preguntarle cómo era su vida en esos años. Pues podréis hacerlo si os acercáis al Museo del Romanticismo este verano.

Si lo de moveros del sofá no es lo vuestro, en su web tenéis acceso al Taller virtualizado “Seis Lecturas sobre Larra”, que responde a "una iniciativa creada por el Museo del Romanticismo de Madrid y Hotel Kafka, cuya finalidad era la de revisar la obra del escritor romántico a través de diferentes ópticas: periodística, política, literaria, estilística, histórica y contemporánea". Nos dan acceso a la lectura de reflexiones que sobre Larra hicieron los escritores Rafael Reig, Eloy Tizón, Javier Azpeitia y Juan Aparicio Belmonte, la periodista Irene Lozano y el editor Manuel Fernández Cuesta.



Pero si lo que queréis es dejar a un lado el ordenador, y entreteneros paseando por Madrid este verano, podéis acceder a visitas teatralizadas, conciertos de música o a los talleres de damas y caballeros para los más pequeños. Estas son solo algunas de las actividades que pueden alegrar el mes de julio no solo a los que se quedan en Madrid, sino también a los visitantes de fuera: el Museo del Romanticismo bien merece una visita.
Hace ya dos años que me intereso más por este siglo, he tenido que bucear en archivos para localizar noticias de un personaje romántico al que le he dedicado parte de mis horas de ocio. Y tanto este museo, como el recién abierto Museo de Cerralbo, me han ayudado mucho a situar en su realidad a los personajes que descubrimos en las novelas, o en los libros de historia.

Os recomiendo esta visita y, para "abrir boca", os dejo con un vídeo del Museo del Romanticismo en los años 20:




miércoles, 22 de junio de 2011

Libros y locura

"El asombro ante el objeto libro como fuente de conocimiento puede llevar, en su exacerbación, a la locura. No es de extrañar que tras la concepción del libro como objeto divino venga el reverso: su concepción como objeto demoníaco."
Javier Azpeitia, "El mito de los libros"

F. Faurini, La lectora
Extractada del volumen Libros de Libros, una antología de textos en los que el libro, el objeto libro, es el protagonista, encuentro esta cita que me llama la atención. Esta es una lectura recomendable para todos los amantes de los libros, con textos de Borges y otros autores. Y una invitación a la reflexión, ¿nos volveremos locos de tanto libro?
Y todo ello acompañado por cuadros sobre (¿adivinamos?) el mismo libro.

La lectora que ilustra estas líneas parece de lo más cuerda, relajada en su diván, leyendo rodeada de la locura. Libros envenenados, libros que resucitan a los muertos y hombres libro le acompañan en su tarde de descanso. Sigamos leyendo esta noche, por ejemplo, el libro del amor.

A. Feuerbach, Paolo y Francesca

sábado, 4 de junio de 2011

Cosas que caben en la palma de mi mano


Un día miré mi mano y encontré una nuez. Me quedé tan sorprendida...que en la nuez miré otra vez. Y me encontré a mí misma en versión reducida.
Me vi saliendo del cascarón muy decidida, y me perdí por el filo de la mesa. Supongo que fui en busca de aventuras.

Pero he aquí que miré de nuevo mi mano y encontré un alfiler dorado. Nunca lo hubiera pensado. Para pinchar el vuelo del pañuelo en mi cuello arrugado. Pero pinché una vena sin querer, y la sangre manchó mi mano.

Cosas de limpieza, mira a ver.

La observé de nuevo con fijeza y encontré una lima vieja. Me dio pereza tener que ponerme a lijar, pero por algo estaría allí ¿no? Una voz me contestó “Para limar los barrotes que me encierran”. Y miré de nuevo y encontré una trampa de ratones, y el ratón llevaba pantalones. Me pasó un listado con sus condiciones, no fuera a ser que la liberación, encima, me saliera gratis. Y volteé la mano para dejarle caer (aquí no valen los chantajes).

miércoles, 1 de junio de 2011

Mapas Interactivos de Actividades literarias, Ferias del libro y Premios literarios

Pues el Ministerio de Cultura ha colgado en su web unos mapas de actividades y premios literarios. Podremos hacer una búsqueda geográfica de premios literarios, ferias del libro, y otras actividades de promoción de la lectura y las letras sin gran esfuerzo.


El primer mapa interactivo ofrece información de la mayoría de los premios literarios de España no convocados por el Ministerio de Cultura. Recoge en este momento 2.673 premios que se entregan en 471 municipios.

Esta herramienta complementa a otras disponibles en la web que informan sobre distintos premios literarios, como la que ofrecen de forma gratuita en la web de escritores.org. Para los amantes del papel, Fuentetaja acaba de publicar la actualización de su Guía de Premios y Concursos literarios en España 2011-2012.


martes, 31 de mayo de 2011

El mal de escribir de Marguerite Duras

"Hay una locura de escribir que existe en sí misma, una locura de escribir furiosa, pero no se está loco debido a esa locura de escribir. Al contrario.
La escritura: la escritura llega como el viento, está desnuda, es la tinta, es lo escrito, y pasa como nada pasa en la vida, nada, excepto eso, la vida."

Marguerite Duras


lunes, 30 de mayo de 2011

Escribe un cuento en cadena

Babelia y su blog Papeles perdidos proponen a sus lectores una actividad con motivo de la 70ª Feria del Libro de Madrid: escribir un cuento en cadena , partiendo de un texto de la escritora mexicana Ángeles Mastretta. Todos a afilar los lápices!

Esta actividad se llevará a cabo del 27 de mayo al 10 de junio. Se trata del relato A la hora de las estrellas.

Comentan que los participantes pueden proponer su continuación cada día, de lunes a viernes, en un máximo de cien palabras, y enviarlas a la siguiente dirección: cuentoencadena@gmail.com antes de las 12.00, hora peninsular (10.00 GMT). El último párrafo lo escribirá el escritor español Luis Magrinyà. Babelia publicará posteriormente, en su edición impresa, el relato completo.



viernes, 27 de mayo de 2011

Vivir

"La única forma de soportar la existencia es aturdirse en la literatura como en una orgía perpetua"
Gustave Flaubert